Un parado más…

Llevo ya seis meses en el paro y la verdad es que no me he acostumbrado todavía, y no me he vuelto loco porque no he parado de hacer cosas, sobretodo centrarme en mi pasión y mi sueño desde siempre: ser un escritor. En estos momentos estoy un poquito más cerca de lograrlo, por lo menos he escrito ya una novela corta de misterio y un conjunto de poemas y relatos cortos. Ahor estoy intentando por todos los medios poder editar la novela corta, y aquí es lo más complicado, porque no dispongo del dinero necesario para llevarlo a cabo. Por eso he enviado una especie de proyecto a Verkami, una plataforma de Crowfunding, para intentar, mediante mecenazgo y aportaciones, recaudar el dinero suficiente para poder imprimir mi libro y después encargarme de distribuirlo personalmente. Tengo una fe enorme en poder vender mi libro, sé que puedo colocarlo por todos los sitios posibles, y confío en que se venderá muy bien.

Ahora sólo me queda esperar a que Verkami me conteste, y espero que sea aprobando el proyecto, y entonces removeré cielo y tierra para conseguir los mecenas necesarios y poder cumplir mi sueño. Lo estoy deseando…

“Trenes que vienen y van…”

La Tarde me ha sorprendido con un debate tan inesperado como al final interesante. Lo mejor del universo internet –a mi parecer- estriba en la posibilidad de poder hablar (escribir) con una persona que se encuentra a miles de kilómetros, y que gracias a la red es posible entablar un entretenido debate.

Reconozco que nadie como mi querida Sandra para sacarme temas inverosímiles para hacer que me devane los sesos por un buen rato.

Tras una breve introducción a preguntarnos por la salud y la vida en general, las clásicas preguntas de cortesía y tal y tal, la conversación ha derivado en la vida que vivimos actualmente y de cómo podría haber sido si hubiésemos tomado otros trenes, si hubiésemos girado en una dirección en vez de otra, si hubiésemos dicho “Sí” en vez de un “No”; de por qué no lo hicimos.

Y me ha resultado un tanto divertido que me reprochara el haber dejado pasar varios de esos trenes, y por un momento me he puesto a pensar en ello. No creo que hayan sido tantos, pero sí es cierto que recuerdo un par de ellos, y eran bastante significativos. Tuve la oportunidad de acabar la carrera en Québec, con una beca que me concedieron pese a que la solicité más que nada por curiosidad… Pero me la dieron. Luego pensé… lo que he empezado aquí…lo terminaré aquí… Y además… Anda que no tiene que hacer frío allí…

Y me quedé.

Poco después me otorgaron una beca al mejor expediente de la Comunidad Autónoma para poder cursar estudios superiores en Harvard. Sí, ni más ni menos que en la majestuosa Harvard. Vi algo justo el presupuesto (ya me había hipotecado, además) y decliné la beca.

Y me quedé.

Y el último tren al que no he subido es el expreso a New York, una oferta de trabajo muy interesante y para un organismo institucional bastante importante. Y de nuevo los aspectos económicos hicieron que me quedara en el andén.

Y me quedé.

Son los grandes transiberianos a los que no subí, y Sandra me decía que no lo entendía, que nunca me había echado atrás por nada, y menos por dinero…porque realmente ni nunca tuve nada, y sigo sin nada en verdad. Que no se lo creía.

Y me quedé pensativo un instante. Es verdad, le he dicho. Si no he salido nunca de la estación ha sido por una sola razón. En cada uno de esos trenes no habría ido la persona que más me importa en mi vida. Y no cambio ni un solo momento de un futuro con ella, sea éste como sea, por miles de prósperos futuros sin ella.

Así que me seguiré quedando una y otra vez hasta que al tren podamos subir los dos. Y estoy convencido de que tarde o temprano, subiremos al tren adecuado.

Y Sandra ha puesto un emoticono sonriente, ha usado su mítica excusa de “me están esperando. Nos vemos” y me ha dejado con un palmo de narices. Me enrabieta que haga eso siempre. Y la charla terminó

Coco versus Rajoy


Ayer, mientras me dirigía al trabajo, iba escuchando la radio y pusieron un corte de nuestro presidente diciendo una de esas frases sin profundidad a la que tanto nos tiene acostumbrado. La verdad es que no la recuerdo ya, realmente últimamente no le presto demasiada atención, pero el caso es que por un momento me vino a la mente un flash repentino y pensé: Sí, sin duda es Coco. Sí, como leéis, creo que Rajoy es la reencarnación de Coco. El mismo Coco que tantas veces vimos en Barrio Sésamo. Ese entrañable muñeco de trapo de color azul y con esa voz tan suave y característica. Era adorable, con su cara de buena gente, tan sencillo y tan claro dando explicaciones.
Rajoy es muy parecido, ciertamente. Tiene pinta de buena gente, ambos se parecen en la forma de hablar, y ambos se explican de igual forma. Los dos son capaces de no decir nada usando cuatro palabras.
Y sabéis, en ese momento he recordado uno de aquellos mini-episodios de Barrio Sésamo, aquel en que Coco era camarero…

“Trenes que vienen y van…”

            La Tarde me ha sorprendido con un debate tan inesperado como al final interesante. Lo mejor del universo internet –a mi parecer- estriba en la posibilidad de poder hablar (escribir) con una persona que se encuentra a miles de kilómetros, y que gracias a la red es posible entablar un entretenido debate.

Reconozco que nadie como mi querida Sandra para sacarme temas inverosímiles para hacer que me devane los sesos por un buen rato.

Tras una breve introducción a preguntarnos por la salud y la vida en general, las clásicas preguntas de cortesía y tal y tal, la conversación ha derivado en la vida que vivimos actualmente y de cómo podría haber sido si hubiésemos tomado otros trenes, si hubiésemos girado en una dirección en vez de otra, si hubiésemos dicho “Sí” en vez de un “No”; de por qué no lo hicimos.

Y me ha resultado un tanto divertido que me reprochara el haber dejado pasar varios de esos trenes, y por un momento me he puesto a pensar en ello. No creo que hayan sido tantos, pero sí es cierto que recuerdo un par de ellos, y eran bastante significativos. Tuve la oportunidad de acabar la carrera en Québec, con una beca que me concedieron pese a que la solicité más que nada por curiosidad… Pero me la dieron. Luego pensé… lo que he empezado aquí…lo terminaré aquí… Y además… Anda que no tiene que hacer frío allí…

Y me quedé.

Poco después me otorgaron una beca al mejor expediente de la Comunidad Autónoma para poder cursar estudios superiores en Harvard. Sí, ni más ni menos que en la majestuosa Harvard. Vi algo justo el presupuesto (ya me había hipotecado, además) y decliné la beca.

Y me quedé.

Y el último tren al que no he subido es el expreso a New York, una oferta de trabajo muy interesante y para un organismo institucional bastante importante. Y de nuevo los aspectos económicos hicieron que me quedara en el andén.

Y me quedé.

            Son los grandes transiberianos a los que no subí, y Sandra me decía que no lo entendía, que nunca me había echado atrás por nada, y menos por dinero…porque realmente ni nunca tuve nada, y sigo sin nada en verdad. Que no se lo creía.

Y me quedé pensativo un instante. Es verdad, le he dicho. Si no he salido nunca de la estación ha sido por una sola razón. En cada uno de esos trenes no habría ido la persona que más me importa en mi vida. Y no cambio ni un solo momento de un futuro con ella, sea éste como sea, por miles de prósperos futuros sin ella.

Así que me seguiré quedando una y otra vez hasta que al tren podamos subir los dos. Y estoy convencido de que tarde o temprano, subiremos al tren adecuado.

Y Sandra ha puesto un emoticono sonriente, ha usado su mítica excusa de “me están esperando. Nos vemos” y me ha dejado con un palmo de narices. Me enrabieta que haga eso siempre. Y la charla terminó

“Dos caras de una misma moneda…”

 

            Admiro a las personas que saben quienes son, que están seguras de lo que quieren y siguen unas ciertas pautas en la vida. Los admiro porque los envidio. Yo no soy así. Al menos ahora no lo soy, y ya ni recuerdo si algún día lo fui o simplemente quiero creerlo así.

            Pues sí, cada vez estoy más convencido de que estoy desequilibrado. Ya casi no me cabe la menor duda de que tengo uno de esos trastornos bipolares. Soy dos personas en una sola. Mi pobre teoría es que los dos puntos de inflexión en mi vida – la muerte de Ana y el incidente – crearon dos personas totalmente opuestas pero que se entrecruzan y no pueden vivir la una sin la otra. Y no se cúal de las dos es la más parecida a quien soy en realidad.

Por un lado está el bueno, amable, educado, el que lo piensa todo mil veces antes de hacer lo correcto. Es el enamorado, el centrado en su trabajo, en la familia, al que le gusta escribir, leer, ir al teatro o al cine. El que no hace daño a nadie.

Por el otro lado está el malo. Es el que quiere vivir el día a día como si fuese el último. Sólo se guía por su instinto, por sus deseos primarios, y es el que no piensa en nada ni en nadie salvo en sí mismo. Es un maestro de la manipulación y es capaz de mentir como nadie. Y curiosamente, es el que siempre lo consigue todo. Al precio que sea. No tiene ni un ápice de remordimientos y no le teme a nada. Cada uno de los dos tiene una personalidad completa y parecen tener vidas totalmente separadas.

            El problema viene cuando se entrecruzan. Aunque hay alguna diferencia reseñable en estas mezclas. Cuando el malo se cruza en la existencia del bueno el resultado tampoco es excesivamente malo. Al contrario, en la mayoría de los casos es una ayuda extra,  para el trabajo, por ejemplo

            Cuando sucede al contrario si que es traumático. Digamos que cuando la conciencia entra en conflicto con el mal, todo se desequilibra, es más difícil controlar la situación y la seguridad del chico malo comienza a diluirse poco a poco.

Y es aquí cuando vienen los problemas. El malo nunca debe perder el control, porque entonces piensa, y pensar para un chico malo es lo peor que puede hacer.

            Últimamente se están cruzando demasiado. Hay veces que no se quién de los dos soy. Y eso me aterra. Da miedo no saber quién tiene el control. ¿Quién soy? ¿El bueno o el malo?Image